Es duro saber que eres feliz

por kyniko

Ese pequeño espacio al que llamas hogar está brillando. Entre una marea de sangre y las lágrimas descendiendo tras el calvario de vivir, sigues gritando como cuando eras niño, sigues sonriendo como cuando eras niño, sigues corriendo hacia ningún sitio como cuando eras niño. Las trampas de la existencia y del mañana temprano parecen haber convertido tu libertad en una pasarela entre los círculos de competidores que cierran su rabia con más rabia. ¿Lo oyes? Es tu cumpleaños. ¿Lo ves? Es un sofá lleno de regalos el día de reyes, es el sueño de un niño cumplido. Es el primer día de clase. Es el nervioso sentimiento ante lo desconocido. Vienes a conocer personas y es como si te lanzaras a un abismo, después de unos meses los lazos se forjan, hacen que tu corazón conecte y encuentras en este círculo endemoniado y enfermo un punto al que llamar hogar.

He escrito obras y obras, he sido dios entre hombres, he quemado en soledad mi tiempo, pero es hora de mirar al paraíso que tanto llevo buscando. Una luz brillante y una carita sonriente hasta el momento en el que la bala atraviese mi sien. A la espera de una luz y una mano, pero ya hace tiempo que dejas de confiar, a quién le importa confiar. ¿Los muertos? Viven mejor muertos ¿Quién necesita a otros si la cura está en tu corazón? Te lo dije ese espacio al que llamas hogar brilla y no importa el techo, la casa o la compañía, brilla en lo profundo de ti.

Espacios creados tras años de experiencia regándolos. No todo es cruel, no todo es simple y no todo se comprende, no todo se escribe con la piel erizada. Hay lecciones que se lanzan y deslizan a través de los ríos calmados. Lo mejor es que encuentras motivos para reír y motivos para llorar y ese círculo de pasiones se llama vida, por si no te has dado cuenta. Por si no te has dado cuenta.

Anuncios