El modelo filosófico post-sesenta

Cuando el modelo filosófico y social giraba entorno al sueño americano todo parecía un camino idílico entre el infantilismo y la guerra atómica, eso mantuvo los corazones occidentales en un letargo, sin embargo al final les estalló en la cara en forma de hippies.

Las élites que vieron un peligro, procuraron un ataque frontal contra el hippismo, sin embargo, al final, sencillamente supieron usarlo a su favor. Al igual que ahora llevas una camiseta del Che, el sistema asimiló el modelo filosófico del hippismo y lo readaptó.

-Hedonismo.
-Vive la vida.
-Paz y amor.

Lograron tras Vietnam dormir a toda una generación y los ecos de aquello aún petardean, ecos que ni siquiera el punk más transgresor supo vencer. Tras aquello el sistema asimiló el nuevo modelo filosófico, social y moral. Una reinvención del hippismo y la espiritualidad, el yoga, la vida saludable, las buenas maneras, el amor, la no violencia, fueron términos que se corrompieron hasta la saciedad para dar cabida a una nueva forma de dominación.

Ya lo adelantaban películas como Demolition Man, que además de ser un film simple de acción hacía una mordaz y cruel crítica a una sociedad de lo políticamente correcto, pero es que tras la irrumpción de Internet y de los años noventa el modelo sentó sus bases.

Libros de autoayuda, filosofía barata de mercadillo y espiritual unidas en un refrito potentísimo que da lugar a un sinfín de productos audiovisuales que hablan de historias de superación.

Todas siguen una estructura base.
1-Persona en posición social de desventaja sufre  o persona acomodada desconoce el sentido de la vida.
2- Sucede algo, por lo general alguien hace algo inusual en un espacio público a la vista de muchas personas.
3- Lanzan una moraleja final que pretende hacer cambiar tu forma de vivir y de pensar.

Por ejemplo, una persona sin brazos, ni piernas habla en público o hace algo en público que nadie creería y lanza un mensaje de superación y del “significado de la vida”, todo vestido de una patética forma de manipulación. Un hombre entra a una clase y de repente hace algo que nadie espera y les enseña a sus alumnos acomodados que tienen que vivir la vida ya sea con una historia trágica y de superación o con actos extravagantes que culminan en una moraleja existencial.

De esta propaganda de manipulación se destilan un par de ideas que no se cuentan, pero se intuyen.

1-Tú puedes ser cualquiera si te lo propones. Ergo, aunque tu vida sea una puta mierda si miras esta idea siempre creerás que todo va a mejorar o puede mejorar y que hay un amplio abánico para ser lo que yo quiera ser.

2-Solo tú puedes cambiar tu vida, ergo si no eres quién quieres ser ES CULPA TUYA.

3-No estamos viviendo de “verdad” la vida, aprende el “verdadero significado de vivir la vida”. Ergo, si te quedas en tu casa o trabajas o cualquier cosa caes en la tristeza de no estar viviendo la vida intensamente o verdaderamente.

Así pues nos encontramos con un sistema que genera una ilusión dentro del espectáculo, creando de ti un personaje de película que puede ser lo que desee, amén de crearte un sentimiento de culpa porque no estás haciendo lo que deberías hacer para vivir la vida, que da como resultado una fuerte insatisfacción y un deseo de hacer/ser más y más, que solapan con un mensaje hedonista, vestido de espiritualidad y filosofía de la mediocridad barata.

¿Por qué el sistema tomó el hedonismo del hippismo y encontró un filón en esta nueva versión del mártir consumista?

Porque encontró que toda persona es un mártir en potencia. Es innegable que de alguna forma masoquista el ser humano tiene facetas que le orientan a buscar el placer a través del dolor, ya sea sintiéndose culpable, o empatizando con las tristezas ajenas o entendiendo dolor como terror, buscando el miedo o emociones fuertes que derivan en una inyección de placer. Por lo que es perfecto generar un proceso de auto-culpa en una sociedad que además viene de una herencia moral cristiana, solo necesitaban readapta la culpabilidad y la penitencia cristiana a los nuevos tiempos, encontrando entonces consumidores insatisfechos que buscarán cualquier reclamo que les sirva para llenar sus vidas vacías y así poder limpiar esa culpa extraña que tienen.

Pero claro, este sentimiento de mártir no casa con todos los burgueses u obreros aburguesados en cuanto a moral y pensamiento, por lo que necesitaban dar una contrapartida y ahí entra el hedonismo hippie, este hedonismo se estructura en cierta indignación y a su vez en la búsqueda intensa del placer, por lo que creas un estado absoluto de insatisfacción que solo se solventa en pequeños momentos de felicidad facilitados por el sistema capitalista. El hedonismo genera deseo y el deseo genera insatisfacción en cuanto en tanto se ha conseguido ya lo que se desea o no se ha conseguido lo que se desea. Ahí tienes el cóctel perfecto para ambos.

Le das a alguien la opción de sentirse culpable y subsanar su culpa mediante el consumo y  a alguien que no quiera sentirse culpable la insatisfacción y necesidad de evadirse con su hedonismo mediante el consumo. Estás consiguiendo lo que buscas: Consumo.

El consumidor insatisfecho, a riesgo de parecer extraño, es el mejor consumidor, dado que la instatisfacción del consumidor trae consigo mayor consumo.

El consumidor culpable, a riesgo de parecer raro, es también el mejor consumidor, dado que consumirá y para suplir su pecado, volverá a consumir en algo que cree que le ayuda para limpiar su “alma”.

El sistema siempre gana con Paulo Cohelo y tod@s est@s imbéciles que te sueltan gilipolleces como que los niños son poetas porque vio un día a una niña saludar a las flores.