La libertad de expresión

por kyniko

Hace no tanto hablé de la “Democracia de trinchera”, en este país, muy dado al cainismo no es extraño encontrar en todas sus capas este concepto de “Conmigo o contra mí”. Lo vimos en el seno de la izquierda de Podemos con Errejón e Iglesias, lo vimos en el PP cuando hubo divisiones entorno a Rajoy, lo vimos en el PSOE con Susana y Pedro Sánchez, lo vemos en cualquier ámbito con cierto carácter público. Un@s odian, otr@s aman.

El problema es que este no es un debate intelectual, sino un debate de prejuicios y de guerracivilismo. La libertad de expresión como la libertad debe formar parte de un debate de ideas y de conceptos propio de ilustrad@s y no de una pelea de bar entre aliados y enemigos.

El autobús con el mensaje transfóbico ha mostrado la otra cara de la otra España, si una de sus mitades se escandaliza por un tuit sobre enaltecimiento al terrorismo, la otra aprovecha este tipo de mensajes para lanzar su guerra y lo que no saben ambas partes es que llevan el debate por lo personal y no por las argumentaciones.

La libertad de expresión solo debe tener cuatro límites:
-Cuando alguien mancille tu honor en público con difusión nacional mintiendo sobre tu persona.
-Cuando existen amenazas reales, en el caso en el que alguien amenace de muerte a otra persona y exista un peligro real.
-Cuando exista una violencia verbal contra otra persona que suponga algún tipo de maltrato.
-Cuando alguien te acuse de un delito y sea falso.

Estos cuatro líuites son los únicos que debería existir en la libertad de expresión, porque el problema de la libertad de expresión no son las ideas, sino las personas que actúan según esas ideas.

Dudo que pueda hacer recapacitar a la otra España que se lanzaban a luchar contra la Ley Mordaza que la prohibición de este autobús es lo mismo que prohibir rapear sobre el rey. Dudo que lo comprendan porque aquí no hay lugar para el raciocionio, sino que es una simple guerra de trinchera, donde es más fácil colgar un  San Benito y usar categorías antes de arriesgarse a reflexionar sobre tus propias posturas y sobre el alcance del debate.

Si defiendo con uñas y dientes que alguien pueda tuitear y hacer humor negro sobre sucesos que han impactado a la sociedad, por muy vulgar y zafio que pueda parecer, ¿Con qué cara puedo censurar un autobús con este mensaje? ¿Es que mi sensibilidad vale más que la suya? ¿Es que mi opinión prevalece en base a una supuesta superioridad moral?

Si la defensa de una sociedad ante ideas discriminatorias es la ley, la prohibición, no hay sentido para diferenciar, un@s y otr@s son idénticos y mantienen una postura dictatorial. Y a este respecto solo me queda sentirme como el Marqués de Sade apresado por la monarquía y por los revolucionarios.

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